La sensación general con la que se retiró el público tras la victoria frente a Talleres de Córdoba es la primera certeza que dejó el juego. Chacarita reconstruyó su orden posicional, tomó los riesgos necesarios de un equipo con necesidades y aspiraciones concretas, y, quizás lo más trascendente, volvió a transmitirle al adversario rasgos de la personalidad y el carácter colectivo que lo posicionó como candidato de esta competencia al comienzo de la temporada.
Es prudente comparar los juegos anteriores del equipo con este frente a Talleres. En las últimas fechas, Chacarita insistió en demostrar un contrasentido: plantado con tres defensores en el fondo, adoleció de juego defensivo y ofensivo por las bandas y perdió el escalonamiento lógico para retroceder cuando el rival controlaba la pelota. En definitiva, el equipo despreció el uso del ancho del campo para atacar y sintetizó mediante el pelotazo frontal sus aspiraciones en el juego de ataque.
Contra Talleres también se reinstaló el orden conceptual, mediante algunas ideas simples: la defensa zonal con 4 jugadores, la cobertura del ancho del terreno desde la mitad de la cancha hacia atrás, aun con Coyette como volante lateral sobre la izquierda, y el uso de una franja corta, de no más de 40 metros, para que Chacarita achique los espacios, según la circunstancia del partido.
Tiempo de cambio.
La conclusión del escaso trabajo de Zielinski es promisoria: el equipo, quizás como nunca en la temporada, tomo el control del juego, cubrió defensivamente con acierto los laterales, usó el piso como elemento de tránsito del balón y dispuso de superioridad numérica en el centro del campo porque el hecho de que los volantes (Dolci, Vismara, Coyette, Frezzotti), estén cerca de sus defensores y de sus delanteros, confirma que el sistema aplicado ayudó a multiplicar la respuesta individual de los jugadores.
Vale advertir que Chacarita contra Talleres tomó riesgos. La formidable actuación de Tauber en el primer tiempo asiste la afirmación y, aunque parezca inconsistente, augura que esos riesgos son un hecho interesante. Frezzotti y Vismara en una misma línea, al igual que Echeverría y Crosa, como sucedió en parte del primer tiempo cuando los cuatro lideraron la presión sobre el arco cordobés empujando al equipo hacia adelante, marca lo mencionado. Luego esos riesgos se observaron cuando atrás se quedó mano a mano con los puntas o volantes adversarios, siendo lo lógico que un central sobre para manejar el tiempo de la jugada defensiva.
Lo que se ha detallado sucedió posteriormente a la apertura del marcador, cuando Crosa ganó el juego aéreo en el corazón del área rival. Chacarita cedió la pelota, retrocedió a sus volantes pero no a sus defensores, que se mantuvieron detrás del dúo de mediocampistas centrales, siempre fuera del área de Tauber. Es decir que se agrupó gente en el fondo con orden y sentido, se recuperó la pelota en el centro del campo porque volvió a funcionar la solidaridad colectiva y se fortaleció la circulación en ataque, al punto de que Alustiza jugó el mejor partido de la temporada porque siempre el balón le quedó delante de él, lo que le permitió prescindir del roce con los defensores de Talleres y moverse en forma vertical toda la noche.
Los errores de Baliño.
No tuvo Baliño un juego afortunado. Como varios de sus colegas, adopta la sugerencia FIFA (que en realidad es una orden encubierta), de jugar de área a área, desprotegiendo los laterales. Esto lo condicionó de tal manera que lo llevó a cometer los errores convencionales de los árbitros novatos, pues regularmente sancionó lo que vio pero no lo que sucedió. Para que quede claro, vale el ejemplo del penal otorgado a Talleres.
Un pelotazo largo desde la derecha del ataque visitante al segundo palo de Tauber (Chacarita sigue sufriendo ese tipo de jugadas, las que no logra resolver), fue neutralizado por Dolci que, paralelo a la línea de gol, usó su cuerpo legítimamente para ganar la posesión del balón. Luego fue Cobelli quien, ubicado detrás de Franco, buscó el contacto físico con el adversario para llevarse por delante a Dolci y exagerar su incomodidad para tomar la pelota. Baliño estaba en posición oblicua a la jugada, cerca de la línea frontal del área grande, y sancionó lo que vio: la simulación del delantero y su posterior caída. Un grave error de concepto porque no falló lo que pasó, que se suma a la falta de penalización a Lussenhoff por los insultos y los gestos que durante todo el segundo tiempo le dedicó a la platea local, y a lo permisivo que fue con el uso sistemático del golpe que transformó, tarde, a Stang en el primer expulsado del partido.
Final feliz.
Sin Coyette, autor de un segundo gol que nació de sus pies y finalizó en su conversión luego de otro desborde Alustiza por derecha y el rebote cedido por el arquero Brasca tras el remate de Aróstegui, se confirmó una idea atractiva: protegido por Dolci, Frezzotti y Gómez, Vismara pasó a jugar como nunca lo hizo en Chacarita, de frente al arco rival, siendo el enlace del ataque funebrero. Desde aquí, se ha convertido en una sugerencia frecuente recordar que si Walter no está, el que más conoce el tiempo del juego, la pausa y la salida vertical, es Vismara. En ataque, jugó su mejor partido del torneo.
El tercer gol de Chacarita es una síntesis de un equipo concentrado. Tres toques bastaron para coronar un contraataque fenomenal. Toledo trajo la pelota sobre la derecha, Alustiza pivoteó el pase de Javier a la boca del área, asistiendo a un toque a Aróstegui sobre el otro lado, que definió recordando la memorable capacidad de Carlos Leeb, al asegurar el remate al primer palo luego de que el arquero comience a caminar hacia adelante.
Se restableció el orden y el carácter colectivo. Se usó la pelota para agredir al adversario, se le ganó a un rival considerado y se multiplicó la esperanza de la gente. Cuando Chacarita deje de ser un equipo apurado en algunos sectores del campo y vuelva a recordar el valor de la pausa, demostrará que posee el atributo de jugar el partido en el sector del campo que más le conviene. De lograrse, celebremos el tránsito por el camino correcto.